Música

miércoles, 30 de enero de 2013

Laura no está, Laura se fue...

Hola, soy Laura. Siento no haberte llevado la bicicleta aun, pero la necesito por un par de días más. La llevaré el martes a tu casa. Te amo. Colgué el teléfono, no alcancé a decirle una sola palabra, no tenía ganas de hablar con ella, ni de verla el martes, a pesar de que la amaba con mis entrañas. Pero simplemente, no deseaba verla. Si deseaba tocarla, olerla, abrazarla, pero no verla. Me levanta tratando de no pisar los chinches que se me habían dado vuelta la noche anterior, estoy mejor, me han dado una medicación súper efectiva, ya no veo las sombras, ni escucho la música macabra en mis oídos. Recibía mayores visitas en mi casa, y mis amigos ya no les mentían a sus padres, todo parecía que había cambiado. Todo se había vuelto color de rosa. Olía bien, cocinaban nuevamente pescado frito, me encanta ese olor a grasa en partículas que se cuela por mis fosas nasales. Bajé descalzo a mirar quien cocinaba. No era mi madre, ni mi hermana, ni mi padre, era yo. No esto no puede ser, miré de nuevo, y vi como mi madre revolvía una olla y escurría el pescado con la espumadera. No puedo tener estas alucinaciones, y mi medicina no tocaba hasta dentro de 5 horas más. Puedo controlarlo. Salí al patio a buscar a mi perro para sacarlo a dar una vuelta, para tomar aire yo también. –Ven máximo- lo amarré y salimos. La gente me saludaba amable, nunca había visto gente tan feliz. Me sentía contento, ahora era uno más de ellos, va a ser cierto que si no puedes con ellos, úneteles. Máximo orinaba y olfateaba, era tan feliz. Me senté en una plazoleta que queda a unas cuadras de mi casa, y solté a mi perro. Tomé aire, encendí un cigarrillo y comencé a fumar. No recuerdo bien en qué momento esa chica me ofreció un cigarrillo, pero lo acepté y fue mi primera vez, inundé mis pulmones con aire tóxico, me encantó. Ella se alejó tan desapercibida como se acercó hace dos segundos para darme un cigarro. Máximo se echó en el pasto, y se quedó dormido. Yo me sentí por un momento solo, pero ese vacío recuerdo de que estuve muchos años solo y encerrado en mis pensamientos que, esa sensación de soledad no le llegaba ni a los talones a mi pasado. Era domingo, y en dos días más vería a Laura. Besaría sus labios agridulces, y tiraríamos como dos salvajes. Era un buen plan. Se acercaba la hora de comer, volví a casa junto a máximo. La mesa estaba puesta, y había una nota. Almuerza, nosotros salimos. Me habían dejado la casa para mí, pero justo que en este momento Laura no está, no le puedo sacar provecho. Llamé a Eva, vino en seguida. La rodeé de la cintura, la besé y ella no opuso resistencia a que yo la hiciera feliz, sacié mis impulsos bestiales y la eché de mi casa. Yo sabía que me lo perdonaría, pues estaba enamorada de mi, y de a saber cuántos más, ZORRA! Me acosté, y me quedé dormido. Cuando desperté, la oscuridad se apoderaba de mi habitación, supuse que había anochecido. Para mi sorpresa fue que al mirar la hora el reloj marcara las 6 de la mañana, había pasado de largo, mi cuerpo estaba cansando. Antes de empezar a delirar, fui rápidamente a tomarme mi medicación. Todos dormían, encima de la mesa había una nota, llamó Laura, vendrá mañana. Esta nota la escribió mi madre, era su letra sin duda, supuse que Laura llamó a casa y yo no contesté, y esto quiere decir que hoy es mañana, porque esta nota la escribieron ayer. Maldita sea, no me da tiempo. Aun no quiero verte, no sé qué es lo que voy a hacer. Me entró una terrible ansiedad, comí lo primero que encontré en el frigorífico. Y esperé sentado en el sillón la llegada de mi querida y deseada Laura. Vi pasar el tiempo a mi alrededor, todos ajetreados y metidos en lo suyo, yo sumergido en mis pensamientos de miedo, sentía miedo de ver a Laura, a pesar de que la amaba por sobre todas las cosas. Quise dormir, pero no pude, quise irme a dar una vuelta pero no pude, quise decirle a mi madre que cuando ella viniera le dijera que yo no estaba, pero no pude, quise hacer muchas cosas pero no pude. Sonó el timbre, era ella. Me levanté lo más lento que pude y me dirigí a la puerta. Se veía tan hermosa, con sus pantalones ajustados, la melena y esa camiseta que marcaba sus pezones. Hola, traje tu bicicleta, tus padres están. Me di cuenta que no había nadie. No, le contesté, pasa. Subió en silencio a mi cuarto, supuse lo que vendría, me dirigí raudo, y la vi desnuda en mi habitación. Algo me detenía, esa mancha gris violeta de su abdomen, y también los tenía en sus brazos. Traté de obviarlo, y me acerqué. La besé, la toqué, la mordí, la penetré. Pude escuchar como lo disfrutaba, pero yo no lo hacía. De pronto ella me dice, tranquilo, ya te he perdonado. Desperté, y era ella la que me había visitado en sueños, aun siento culpa cuando atravesé su garganta con un cuchillo, nunca quise, pero lo hice igual. Ahora, miro mi celda, y la encuentro mucho menos gris. >> Agradezco la inspiración que me provocó el personaje creado por mi amigo Franco en su relato demencial>>

No hay comentarios:

Publicar un comentario