Música

martes, 24 de enero de 2017

Un matrimonio sin igual



              




  Me acosté en la bañera, sumergiendo mis lamentos y mi completa pérdida de paciencia en un agua cálida, relajante, serena. Encendí un cigarrillo, y exhalé algo más que nicotina, acetona y alquitrán. Pensé, ¿Qué he de hacer? ¿Cómo sobrellevarlo? ¿Acaso es normal lo que sucede? Sus palabras retumbaban irritantes en mis pensamientos, él no te merece, no eres digna de un hombre así, es mío y no tuyo, eres una cualquiera, vienes de una familia sin valores, esa perra malparida, palabras que pueden perfectamente salir de la boca de una mujer despechada, engañada, una cornuda sin más, palabras dirigidas hacia la mujer que te robó el novio, ¿no? Pero, lo curioso es que son las palabras de la madre de quien se casará contigo en tres semanas. ¡Sí, su mamá! Casi de película gore, la suegra que te odia, que te humilla, la que te juzga sin conocerte, es Yocasta la maldita.
Sonreí maquiavélicamente, imaginándome su rostro desfigurado odiando cada parte de mí, a tal punto de que en más de una ocasión me doblé el pie al caminar por la acera y más de algún susto cercano a la muerte experimente, un casi atropello, un casi asalto. Es claro, la vieja me odia y me desea el mal cada vez que puede, por fortuna, la distancia me favorece, pues vive a 400 kilómetros de mí. Me paré de la bañera, encendí otro cigarro y cogí un botellín de cerveza que devoré mientras asomaba mi cuerpo desnudo por el balcón del departamento. Mi novio, dormía en la cama como si estuviera bajo el efecto de somníferos, y yo recibía el viento en mi cuerpo recién bañado.  Me esperaba el escándalo del siglo, de esas típicas bodas de películas donde salta la vieja y dice YO ME OPONGO, Dios, sería de risa. Pero, no podré deleitarme con tal actuación pues, doña no asistirá. Me imagino que eso ha de ser triste para él, pero ella decidió no asistir y darle vuelta la espalda en el día más importante de su vida.
                Sonaban las campanas de boda, era hora de entrar a la iglesia, estaba la puerta abierta, podía visualizar las personas de pie junto al pasillo principal y a mi chico en el fondo, parado con su cara sonriente y traje negro azabache, al borde del desmayo. Mi padre me ofreció su brazo, cuando de pronto una voz rasposa, acampada y con acento conocido llamó mi nombre, me volteé, era ella. Doña apareció y en un último intento desesperado de recuperar a su hijo, me ofreció un cheque por 50 millones de pesos por irme y darle plantón en el altar. ¡Wow! Sí que estaba desesperada. Cogí el cheque y lo partí en dos, lo lancé al aire, y di media vuelta. Y fue ahí donde sólo escuché el sonido del gatillo y una bomba explotando atrás de mí, observé mi abdomen, ensangrentado, y mi padre sujetándome entre sus brazos. Lo último que vi fue a Paulo, corriendo por el pasillo, me morí.
                Aquí estoy parada enfrente de ellos, no pueden verme ni oírme, Paulo llora, mamá y papá también, la gente rodea mi cuerpo, y la policía capturó a la vieja que se dio a la fuga. Fue una boda inolvidable, no como la que imaginé, pero puedo decir, que nunca se borrará de mis recuerdos.

Cuando las cosas van mal con tu suegra, hasta lo impensado puede hacer para vengarse de ti

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