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Avant, s'il vous plaît

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El cielo, celeste como en el más hermoso día de verano, ciertas nubes que lo adornan con sutileza. Sonrío y el sol brilla sobre la punta de mi nariz, estornudo, esa alergia curiosa que me produce su luminosidad. Ese andar torpe que caracteriza a las palomas, esas plumas tornasol que las diferencia de las ratas. El aire marino despeinaba los dreadlocks naturales que se me forman cuando no me cepillo por la mañana. La gente caminaba por mi lado, esperaban el metro, como yo. Sentía como cada célula de mi piel se achicharraba, mañana tal vez lo lamentaría. Volaban tan libres, quise extender mis brazos con la estúpida esperanza de emprender un vuelo eterno, solitario, ensimismada en mis pensamientos más alegres que amargos, no quise cerciorarme si la gente me observaba con cara de extrañeza, perdería mi libertad si lo hacía, 30 segundos y el tren estaría frente a mí para llevarme a casa. “Pip” sostenido, se abrió la puerta, un acordeón me transportó a un París de ensueño, de pelícu...

Mundo de ensueño

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Taconeo por la calle, evitando grietas para no torcerme un pie. Pateando pequeñas piedras que giran delante de mí y entretienen mi andar. Un día de invierno, como cualquier otro, nuboso, ventoso y frio. Las ultimas hojas de los arboles danzaban con el aire, se veían hermosas, amarillentas, pardas, cafés, tan secas, marcaban el paso del tiempo. Me detuve a ver mi reflejo en las posas que quedaron de la noche anterior, tormenta que masajeó mis oídos y acompañó mi dormir, ahí estaba yo, veintiún años, que no dejaban de pasar la cuenta, mis ojeras naturales sin causa aparente se veían mucho más hermosas, lila grisáceo que resaltaba mi palidez. Tenía frío, ni todo lo que llevaba puesto era capaz de entibiarme. Un gorro de lana sintética, mi blusa y mis pantalones anchos, mi gabardina a lo Sherlock Holmes y mis botines de taco alto que hacían mi caminar más ligero. La gente pasaba a mi alrededor, en silencio, hace mucho que no sentía un silencio tan placentero, relajante, daba miedo, era...

Sueños Mojados

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Uno de esos días tan normales e inofensivos, a simple vista claro, recosté mi cuerpo en aquel sofá Romeo y Julieta que tanto quise tener. Un rayo de luz entraba por un agujero de la cortina, y dibujaba en mi cuerpo desnudo aureolas cálidas, muy gratas de sentir. Deslicé un dedo por uno de mis pechos, rodeando el contorno rosa pálido de un pezón bien definido. Eso me gustaba, esperaba en ese momento que entraras a la habitación, y dibujaras conmigo pasiones y calores, y me hicieras sonreír y sonrojar tanto como la última vez. Sudor, se deslizaba por mi frente, con sólo tenerte en mente, mi corazón se agitó, tanto que estaba hiperventilando, jadeaba. Sentía el deseo de que me tocaras, que me hicieras nuevamente feliz, pero no estabas ahí, tu ausencia se hacía tormentosa, y me desesperaba. Toqué mi cuerpo con delicadeza, arriba y abajo una y otra vez, produciendo en mí más que humedad, placer. Temblaban mis piernas, estaba llegando a la realidad, donde el frío se apoderaría d...

Aridez Mental

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Coloqué el culo en aquel asiento al final del bus, depositando todo el cansancio en él. Esa sensación de satisfacción invade mi cuerpo y mis músculos se relajaron. La gente subía al bus, parecía que perdían la vida por tratar de conseguir un asiento. Hacia mí, se acercaba una señora con una niña pequeña de la mano, sonriendo, me imaginaba que sonreía porque había un asiento desocupado justo al lado del mío, donde ella se sentaría en unos segundos. Tomó asiento. Mientras estaba hipnotizada dentro de mis cascos, oí a lo lejos una voz que saludaba. Me desconecté de mi dimensión de paz y le dije hola. La señora me preguntó si venía de estudiar, y ahí comenzó el diálogo, casi monólogo, porque tontamente no sabía que responder. Fue a comprarle la lápida a su madre que había muerto hace ya dos años, empastillada para controlar sus crisis de pánico y mantener su agresividad latente, confesó de pronto un recuerdo maldito, un hombre la amenazaba con un cuchillo, mi ojos delataron el...

...

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Miro hacia abajo para que no me veas llorar. No es que tenga miedo o vergüenza de que lo veas, simplemente no quiero. Giro la cabeza y miro con profundidad el paisaje, a tres kilómetros de mí tu presencia, que hace eco en mi memoria. El viento se encargaba de secar mis lágrimas, que jamás se hicieron visibles, el sol se encargaba de dar luz a mis ojos, ennegrecidos por el vacío que siempre ha existido, pero que ahora lo visualizo a la perfección. Eso tocó mi corazón, y despertó mi conciencia, a un paso de ser libre, a un paso de la alegría efímera, a un paso de alejarme para siempre de ese anhelo insensato, de ese sueño eterno, de esa sensación asquerosa, de esa cadena perpetua de sentimientos. Busqué tus ojos, no los encontré, ni hoy, ni ayer, ni nunca. Perdida en el intento de volar, es momento de echar fuera todo nudo que ancla mi alma, dibujé una sonrisa de satisfacción, un gesto de amargura y una lágrima de paz. Marco el inicio de un nuevo camino, mi camino. >> Tengo mu...

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>>Derechos Sentimentales Reservados>>

Me arrepiento

Me arrepiento de escribir ideas sin sentido que tal vez confundan, pero me libera.