Entradas

Impulso

Imagen
Me arden los pies, y noto esa sensación punzante en la punta de mis dedos. Son los zapatos que me aprietan luego de tantas horas de camino recorrido. Me descolgué de ellos, ahí estaban tan blancos como siempre, pero llenos de ampollas y sangre, he ahí el dolor. Dejé mis zapatos tirados y seguí caminando. La calle me caldeaba los pies, el sol pegaba fuerte en el asfalto. La gente no me importaba, la esquivaba, era verano.La gente ama el verano, la arena, la playa, el campo, el sol, el cáncer de piel. Intenté pensar, me gustaba elevarme en un ensimismamiento indecoroso, lo hice. Mil pensamientos daban vueltas como torbellinos en mi cerebro o en lo abstracto del pensar. Volví en sí y me senté sobre una roca que estaba en la orilla de la playa, las olas chocaban frescas y las gotas de su explosión acariciaban mi cara. El sol pegaba fuerte en mi nariz, sabía que después se descascaría, pero eso no importó. El mar, eterno, interminable, me gustaría explorarlo más allá de lo que mis ojo...

Era pega

Imagen
Un vestido ajustado, zapatos altos, una liga en la pierna izquierda. Lista para el trabajo. En mi mente, manos gruesas y rasposas por mi piel, alientos ácidos e insultos a borbotones. Camino tambaleando mis caderas sensualmente, era la pega, qué más podía hacer. Allí estaban los perros, babeando por el espectáculo, para recibir dos centavos y un poco de whiskey caro, debía mostrar más que lo que cualquiera conocía. Apretones deshonestos, asquerosos, así era la pega. Muévete Zorra! Que bonito, ya me acostumbré. Giré en el escenario, alrededor del tubo, arriba y abajo, empezaba a sudar. Vestido afuera, el público ardía, más que algún guarro intentando subir, prefería que subieran para que se fueran temprano a sus casas. La ropa interior voló lejos, las luces hacían confuso el asunto, la droga empezaba a hacer efecto. Acabó la canción, y me fui con ellos. Uno a uno, iban pasando. No sentía cansancio, ya ni asco, ni miedo. Eran ellos, los mismos de siempre. Un par de bofetadas, las d...

Éxtasis En.

Imagen
Río a carcajadas, sin poder detenerme, siento como el alcohol estalla hasta por mis oídos, era sublime. Cada sorbo era más insípido que el anterior, se desvanecía el sabor poderoso del licor, anestesiaba mis papilas gustativas al punto de que solamente podía distinguir un líquido que bajaba por mi garganta. Miraba a los demás, mis ojos seguramente empequeñecidos, con la sonrisa de oreja a oreja y hablando en otro idioma, era un grato momento. De pronto uno de los chicos que estaba en la mesa, que no recuerdo como se llamaba sacó un pastillero, cada uno de los que estábamos ahí cogió una y la pusimos debajo de la lengua. De pronto todo se volvió de colores, muy ruidoso, mucha euforia, oía a lo lejos una voz que me llamaba desesperada, sentía extrema curiosidad, tenía que acudir a ella, una voz varonil, muy sensual, pero no podía descubrir de donde provenía. Creo que estaba de pie, caminé y el suelo se volvió de gelatina, era gracioso, intentaba afirmarme de algo pero nada encontr...

Avant, s'il vous plaît

Imagen
El cielo, celeste como en el más hermoso día de verano, ciertas nubes que lo adornan con sutileza. Sonrío y el sol brilla sobre la punta de mi nariz, estornudo, esa alergia curiosa que me produce su luminosidad. Ese andar torpe que caracteriza a las palomas, esas plumas tornasol que las diferencia de las ratas. El aire marino despeinaba los dreadlocks naturales que se me forman cuando no me cepillo por la mañana. La gente caminaba por mi lado, esperaban el metro, como yo. Sentía como cada célula de mi piel se achicharraba, mañana tal vez lo lamentaría. Volaban tan libres, quise extender mis brazos con la estúpida esperanza de emprender un vuelo eterno, solitario, ensimismada en mis pensamientos más alegres que amargos, no quise cerciorarme si la gente me observaba con cara de extrañeza, perdería mi libertad si lo hacía, 30 segundos y el tren estaría frente a mí para llevarme a casa. “Pip” sostenido, se abrió la puerta, un acordeón me transportó a un París de ensueño, de pelícu...

Mundo de ensueño

Imagen
Taconeo por la calle, evitando grietas para no torcerme un pie. Pateando pequeñas piedras que giran delante de mí y entretienen mi andar. Un día de invierno, como cualquier otro, nuboso, ventoso y frio. Las ultimas hojas de los arboles danzaban con el aire, se veían hermosas, amarillentas, pardas, cafés, tan secas, marcaban el paso del tiempo. Me detuve a ver mi reflejo en las posas que quedaron de la noche anterior, tormenta que masajeó mis oídos y acompañó mi dormir, ahí estaba yo, veintiún años, que no dejaban de pasar la cuenta, mis ojeras naturales sin causa aparente se veían mucho más hermosas, lila grisáceo que resaltaba mi palidez. Tenía frío, ni todo lo que llevaba puesto era capaz de entibiarme. Un gorro de lana sintética, mi blusa y mis pantalones anchos, mi gabardina a lo Sherlock Holmes y mis botines de taco alto que hacían mi caminar más ligero. La gente pasaba a mi alrededor, en silencio, hace mucho que no sentía un silencio tan placentero, relajante, daba miedo, era...

Sueños Mojados

Imagen
Uno de esos días tan normales e inofensivos, a simple vista claro, recosté mi cuerpo en aquel sofá Romeo y Julieta que tanto quise tener. Un rayo de luz entraba por un agujero de la cortina, y dibujaba en mi cuerpo desnudo aureolas cálidas, muy gratas de sentir. Deslicé un dedo por uno de mis pechos, rodeando el contorno rosa pálido de un pezón bien definido. Eso me gustaba, esperaba en ese momento que entraras a la habitación, y dibujaras conmigo pasiones y calores, y me hicieras sonreír y sonrojar tanto como la última vez. Sudor, se deslizaba por mi frente, con sólo tenerte en mente, mi corazón se agitó, tanto que estaba hiperventilando, jadeaba. Sentía el deseo de que me tocaras, que me hicieras nuevamente feliz, pero no estabas ahí, tu ausencia se hacía tormentosa, y me desesperaba. Toqué mi cuerpo con delicadeza, arriba y abajo una y otra vez, produciendo en mí más que humedad, placer. Temblaban mis piernas, estaba llegando a la realidad, donde el frío se apoderaría d...

Aridez Mental

Imagen
Coloqué el culo en aquel asiento al final del bus, depositando todo el cansancio en él. Esa sensación de satisfacción invade mi cuerpo y mis músculos se relajaron. La gente subía al bus, parecía que perdían la vida por tratar de conseguir un asiento. Hacia mí, se acercaba una señora con una niña pequeña de la mano, sonriendo, me imaginaba que sonreía porque había un asiento desocupado justo al lado del mío, donde ella se sentaría en unos segundos. Tomó asiento. Mientras estaba hipnotizada dentro de mis cascos, oí a lo lejos una voz que saludaba. Me desconecté de mi dimensión de paz y le dije hola. La señora me preguntó si venía de estudiar, y ahí comenzó el diálogo, casi monólogo, porque tontamente no sabía que responder. Fue a comprarle la lápida a su madre que había muerto hace ya dos años, empastillada para controlar sus crisis de pánico y mantener su agresividad latente, confesó de pronto un recuerdo maldito, un hombre la amenazaba con un cuchillo, mi ojos delataron el...