Paso fijo, rítmico, coordinado.
Zapatillas, suelas gastadas,
Cordones desatados.
Paso ligero, suaves pies,
Firmes piernas, pecho apretado,
Palpitar constante.
Sudor, sollozo, respiros.
El sol en mis gafas,
El aire en mi pelo,
El sonido del mar atraviesa el vestíbulo,
Danza de gaviotas, tormenta de pescadores,
Frenos de aire, marcha imparable.
Paso más duro, zapatillas ardientes,
Mochila cargada, apuñala la espalda.
Sueño y cansancio maquillan mi cara,
Aliento rasposo baja por mi garganta.
Un café, dos quizás, despierta mujer, despierta ¡ya!
Pared acrílica, plumón permanente
Letras y letras, todos mienten.
Escribo, lo intento, no puedo, no alcanzo,
Me desespero.
Tomo aire, dos o tres veces, pienso, me detengo.
Hierve mi sangre, aparecen mis lamentos,
Toco el suelo, bien profundo. Cierro los ojos.
Los abro, veo el mar,
Oscilante, traicionero, hermoso al fin.
Zapatillas desatadas, muy gastadas,
Caminan junto a mí.
<< inspiración vomitiva>>
Llueve
Y la lluvia cae sobre mi pelo desteñido por el tiempo, veo mi cuerpo, un vestido rojo lo viste y acentúa mis clavículas muy finas bajo mi cuello. Llevo tacones, y una cartera de cuero cuelga de mi muñeca izquierda. El reloj marca las 12 en punto. Comienzo a caminar, disfrutando cada gota que se desliza por mi piel, recorre mis labios delineándolos con delicadeza, siento un leve cosquilleo sobre ellos, deslizo mi lengua y saboreo la lluvia. Todo parecía normal, caminé con elegancia taconeando uno delante de otro a medida que avanzaba por las húmedas calles de Valparaíso, evitando pisar los charcos y tratando de no resbalarme, si me caía de bruces sería catastrófico. Me detuve a observar mi entorno, la gente con sus paraguas de colores caminaban a prisa tratando de tomar algún autobús o taxi que los llevara a casa. Seguí caminando, y me topé con unos ojos conocidos, un tanto claros, los recuerdo como si los hubiese visto de verdad. Me acerqué, y pude notar cómo se arqueaban esos lab...

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