Música

jueves, 18 de febrero de 2016

De esos tantos sueños




Despojé mis ropas y caminé desnuda por el pasillo hasta el baño, llené la bañera y me sumergí en ella, con la ilusión de que mis músculos se relajaran. Enjaboné mi cuerpo, jugando con la espuma que se formaba con el champú, soplé una burbuja y comenzó a elevarse como si de pronto se hubiese formado una corriente de aire en medio de mi baño. Flotó, flotó hasta que reventó -plop-. Saqué el tapón, cogí una toalla y sequé mis carnes, suavemente casi con lujuria, pero no. Dicen que no es bueno salir a la terraza luego de tomar un baño caliente, pero lo hice. Encendí un cigarro en medio de la oscuridad, sólo se vio el chispeo del mechero cuando le daba vuelta a la ruedita que me proporciona fuego. Di una bocanada profunda, de pronto recordé que hace un año entero que no probaba un cigarrillo, pero ¿por qué lo había hecho ahora? ¿Acaso lo había olvidado?  Por supuesto que se me fue, pero ¿Qué hacía una cajetilla de cigarrillos en mi mesilla? Algo claramente no cuadraba, ¿sería un sueño? Lancé el cigarro por el balcón, sin siquiera pensar en quién caería segundos después y entré, caminé por los pasillos, los cuadros eran diferentes, desconocidos, de hecho, ni siquiera los recordaba. Por un momento creí haberme vuelto loca, todo parecía absolutamente extraño para mí. En la entrada al departamento, había una fotografía de un muchacho bien guapo, cabellos desordenados, barba larga, bigote bien formado, ojos claros como el agua, usaba una camisa y una corbata bien anudada, sólo era del torso, era un hombre hermoso. Me senté en el salón tratando de orientarme, no me sentía borracha ni tampoco drogada, es más, no había probado la marimba desde hace más de un año, era imposible que estuviera ida ni mucho menos anestesiada. Me recosté en el sofá, y dormité. Un cosquilleo divertido me despertó abruptamente, y es allí donde estaba él. Acariciando mi panza y rozando mis pequeños implementos, me demostraba su amor. Lo observé directamente a los ojos y sonreí, él se conmovió y cerró levemente sus ojos principescos. Me cogió en brazos y me llevó a la cama, todo parecía muy familiar, todo parecía normal. Allí nos besamos con pasión, sentía fuego en mis labios y mi pecho saltaba eufórico. Sus manos recorrían mi cuerpo, de arriba hasta lo más profundo de nuestros corazones. Luego él sobre mí, y yo sobre él, amándonos una y otra vez, hasta terminar exhaustos.  Besó mi frente y me abrazó, y durmió profundamente a mi lado, mientras yo pensaba en qué diantres hacía ahí. Un golpe en la ventana me hizo saltar de golpe, era de día, tenía sueño, era un sueño. Estaba en casa, y claro, Paulo dormía a mi lado, una vez más había olvidado que me había quedado en su casa, y sólo estuve soñando que me había perdido en su misma casa.

Recuerdo todas las veces que despierto en una habitación extraña, y es tu misma habitación amado mío, sólo que lo olvido al dormirme tan plácidamente a tu lado.  

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